2/11/07

El Turnes que no fue

Érase una vez un mes llamado Turnes. Que venía después de diciembre es casi lógica pura. Iba a ser un tiempo de primavera eterna aunque sin polen para los que sufren estas alergias tan propias de esta época. Iba a ser un mes de buñuelos de manzana y panqueques con mucho azúcar por la siesta. Iba a ser una excursión de la escuela en un colectivo naranja. Iba a ser un mes de desayunos de tres horas con mate con el agua a punto y tostadas con mermelada de ciruela y la radio de fondo y el balcón abierto con un viento entrando que no llega a darnos frío. Iba a ser un cielo de tormenta con nubes con formas de rompecabezas que encajan al entrecerrar apenas los ojos formando un desierto agrietado de color celeste, gris, azul y truenos de fondo. Iba a ser un mes en el que el 168 pasara por la calle Maure, en el que el subte cruzara los lagos de Palermo. En el que los teléfonos nunca dieran ocupado ni existiera la música en espera, ni las colas para pagar impuestos, ni para ir al cine. Iba a ser un mes en el que volviera el cine en continuado, y la entrada gratis sorpresa de los viernes. Iba a ser un mes en que los grandes fueran a la plaza, a las hamacas y al tobogán y al subibaja, para volver embarrados en busca de una chocolatada o un licuado de banana bien frío y con Melbas. Iba a ser un mes de andar descalzo sobre el pasto o la arena cuando baja el sol y ya no quema. Iba a ser un mes de todos los días ir a la peluquería a que nos laven la cabeza con masajes y olor tan rico como sólo hay en la peluquería. Iba a ser un mes de la ropa que se seca al sol, de perfume de leña encendida, de torta casera de limón, de tierra después de la lluvia. Iba a ser un mes de leer cuentos de Cortázar que todavía no se escribieron. Iba a ser un mes de escribir en el diario íntimo “hoy me miró” y que esa sola sea la mejor noticia del día. Iba a ser un mes de hacer burbujas con olor a manzana en la bañera. Iba a ser un mes de chapotear en los charcos, de correr en la orilla del mar, de revolcarse en las olas. Iba a ser un mes de ramos de flores silvestres todos los días, de campos de girasoles por la ventana, del sol cayendo sobre los techos tan hermosos de Buenos Aires. Iba a ser un mes de yerba sin polvillo, de mate amargo que no se lava nunca. Un mes de siesta sobre el pasto, de ciudad sin tránsito ni bocinas. De tenedores que se usan como cuchillos y cuchillos que se usan como cucharas y cucharas que se usan como tenedores. Iba a ser un mes sin moda, sin tiempo ni edad. Un mes sin tos y con hospitales de vacaciones. Un mes de pegamento escolar con buzos nadando adentro, o con sirenas. Un mes con apuestas de porotos en las cartas. Un mes en que Libertad sería presidente y Mafalda, embajadora. Un mes de enterrarse en la nieve y hacer pozos en la arena. Un mes de primeros besos, de primeras caricias. Un mes de Palitos de la Selva. Un mes de juego de mano, juego de villanos. Un mes de pañuelos de tela bordados para llorar con películas de amor, de estrenar zapatos, de saltar a la soga, de pan con manteca. Iba a ser, pero no fue. Algunos quisieron otoño por el caer de las hojas, aunque ya tenían otoño más adelante, porqué esperar, dijeron. Y también otros quisieron invierno sin frío y veranos con brisa de mar. Hubo quienes se opusieron a los buñuelos de manzana y prefirieron los de banana y propusieron el flan casero mixto. Hubo quienes dijeron que las tormentas los asustaban y entonces se cayó en una discusión ardua sobre este tema. Algunos dijeron que el 168 debía pasar por Zapata en lugar de Maure y en este punto no hubo tampoco acuerdo. Hubo quienes dijeron que el pasto les pinchaba y así fue que también en esto no coincidieron. Algunos dijeron que no les gustaba que les tocaran la cabeza. Muchos dijeron que el mar revuelto les sacaba la malla y les hacía raspones con la arena. Hubo quienes no entendieron el porqué de intercambiar las funciones de los cubiertos, no le encontraban sentido, dijeron. Quienes no sabían quiénes eran Libertad y Mafalda. A quienes la nieve les daba frío y los Palitos de la Selva, caries. Y así es que nos quedamos sinel pan y sin la torta. Y Turnes no fue, o fue, pero para algunos pocos (entre quienes me incluyo).

2 comentarios:

Galle dijo...

Debo confesar que ha logrado emocionarme querida amiga. Tomar una historia tan "pelele" como la de Turnes que la deja tan mal parada y convertirla en un llanto de nostalgia es poco menos que elogioso (sin contar que a usted la deja bien parada y para quien no sepa la ganzada que supo creer: hasta parece una pibita piola)

Hoy es el dia de la inauguracion y con suerte lograremos hacer que este blog perdure en el tiempo para nosotros, nuestra generacion y la generacion anterior a nosotros...

Anónimo dijo...

Me gusto, veo que se rodea de gente con capacidad!