26/11/07

La verdadera historia

¿Seguramente ya habrán visto esta foto en otra parte de este blog verdad? Así es, no hace falta más que girar levemente la mirada y ver que a la derecha se hayan a los mismos sujetos, las mismas copas, la misma pregunta: ¿Qué están mirando? Ahora que la encuesta ha terminado por fin podrán conocer la respuesta. Seis personas se tomaron la molestia de opinar al respecto, desgraciadamente debo decirles que ninguna acertó:
  • a) Si bien es cierto que la foto fue tomada en el estrambótico recital de Gabriel Cicuttin, también es cierto que estábamos mirando para otro lado sin prestarle atención alguna (sí, era hora que se supiera). Como verán está no era la respuesta correcta.
  • b) Tampoco se trataba del sorteo para asignar un trabajo práctico, como por suerte nadie creyó, pues si bien aquel hecho fue un show circense, se hizo dentro del aula y desgraciadamente sin copas en nuestras manos.
  • c) ¿Entonces era un espejo deformante? ¡No, tampoco! Demasiada alegría se puede ver en nuestros rostros como para afirmar eso, nadie es el mismo después de verse a través de esas abominaciones.
  • d) A los alcohólicos en recuperación (o en tentación eterna, lo mismo da) que solo pensaban en beber nuestras copas sin importarles lugar, espacio o tiempo: ¿Para qué contestarles? Bueno sí, estaba muy rica la bebida, pero lamentablemente no han acertado, y lo que seguramente más les duela, esas copas ya se han vaciado hace cosa de un año.
  • e) Capacitaciones para lograr que la pc se reconcilie con uno y nos deje ver la foto no haremos hoy y mucho menos oficiaremos de oftalmólogos recetándoles super anteojos contra el astigmatismo, el estrabismo, la presbicia y la calvicie juvenil.
  • f) O sea que… lo que estaban mirando es (siga, siga, que está por decirlo) es… ¡un árbol de navidad! ¿Un árbol de navidad?

¡¿Es un chiste?! No, lo cierto es que, y esto es lo que nos asusta (a Tablón y a mí) es: ¿Por qué estábamos mirando ese árbol? ¿Por qué estábamos tan abstraídos? Puede verse la concentración infinita en los ojos de Laurita, mi sonrisa petrificada alzando la copa. Estábamos inmóviles y no creo que sea producto de la foto, creo que hay algo detrás. Estamos quietos sin poder beber, victimas del hipnotismo de esas luces parpadeantes, de ese arreglo kitch navideño.

Es extraño, muy extraño, solo recordamos el hecho gracias a la foto. En un breve repaso mental que ambos hicimos no pudimos saber que tenía de interesante el árbol, el porqué de nuestra obvia fascinación, de nuestra pequeña risa cómplice.


Desgraciadamente esa respuesta, tan importante, no puedo dárselas ahora y lo más trágico: no podré jamás.

2/11/07

El Turnes que no fue

Érase una vez un mes llamado Turnes. Que venía después de diciembre es casi lógica pura. Iba a ser un tiempo de primavera eterna aunque sin polen para los que sufren estas alergias tan propias de esta época. Iba a ser un mes de buñuelos de manzana y panqueques con mucho azúcar por la siesta. Iba a ser una excursión de la escuela en un colectivo naranja. Iba a ser un mes de desayunos de tres horas con mate con el agua a punto y tostadas con mermelada de ciruela y la radio de fondo y el balcón abierto con un viento entrando que no llega a darnos frío. Iba a ser un cielo de tormenta con nubes con formas de rompecabezas que encajan al entrecerrar apenas los ojos formando un desierto agrietado de color celeste, gris, azul y truenos de fondo. Iba a ser un mes en el que el 168 pasara por la calle Maure, en el que el subte cruzara los lagos de Palermo. En el que los teléfonos nunca dieran ocupado ni existiera la música en espera, ni las colas para pagar impuestos, ni para ir al cine. Iba a ser un mes en el que volviera el cine en continuado, y la entrada gratis sorpresa de los viernes. Iba a ser un mes en que los grandes fueran a la plaza, a las hamacas y al tobogán y al subibaja, para volver embarrados en busca de una chocolatada o un licuado de banana bien frío y con Melbas. Iba a ser un mes de andar descalzo sobre el pasto o la arena cuando baja el sol y ya no quema. Iba a ser un mes de todos los días ir a la peluquería a que nos laven la cabeza con masajes y olor tan rico como sólo hay en la peluquería. Iba a ser un mes de la ropa que se seca al sol, de perfume de leña encendida, de torta casera de limón, de tierra después de la lluvia. Iba a ser un mes de leer cuentos de Cortázar que todavía no se escribieron. Iba a ser un mes de escribir en el diario íntimo “hoy me miró” y que esa sola sea la mejor noticia del día. Iba a ser un mes de hacer burbujas con olor a manzana en la bañera. Iba a ser un mes de chapotear en los charcos, de correr en la orilla del mar, de revolcarse en las olas. Iba a ser un mes de ramos de flores silvestres todos los días, de campos de girasoles por la ventana, del sol cayendo sobre los techos tan hermosos de Buenos Aires. Iba a ser un mes de yerba sin polvillo, de mate amargo que no se lava nunca. Un mes de siesta sobre el pasto, de ciudad sin tránsito ni bocinas. De tenedores que se usan como cuchillos y cuchillos que se usan como cucharas y cucharas que se usan como tenedores. Iba a ser un mes sin moda, sin tiempo ni edad. Un mes sin tos y con hospitales de vacaciones. Un mes de pegamento escolar con buzos nadando adentro, o con sirenas. Un mes con apuestas de porotos en las cartas. Un mes en que Libertad sería presidente y Mafalda, embajadora. Un mes de enterrarse en la nieve y hacer pozos en la arena. Un mes de primeros besos, de primeras caricias. Un mes de Palitos de la Selva. Un mes de juego de mano, juego de villanos. Un mes de pañuelos de tela bordados para llorar con películas de amor, de estrenar zapatos, de saltar a la soga, de pan con manteca. Iba a ser, pero no fue. Algunos quisieron otoño por el caer de las hojas, aunque ya tenían otoño más adelante, porqué esperar, dijeron. Y también otros quisieron invierno sin frío y veranos con brisa de mar. Hubo quienes se opusieron a los buñuelos de manzana y prefirieron los de banana y propusieron el flan casero mixto. Hubo quienes dijeron que las tormentas los asustaban y entonces se cayó en una discusión ardua sobre este tema. Algunos dijeron que el 168 debía pasar por Zapata en lugar de Maure y en este punto no hubo tampoco acuerdo. Hubo quienes dijeron que el pasto les pinchaba y así fue que también en esto no coincidieron. Algunos dijeron que no les gustaba que les tocaran la cabeza. Muchos dijeron que el mar revuelto les sacaba la malla y les hacía raspones con la arena. Hubo quienes no entendieron el porqué de intercambiar las funciones de los cubiertos, no le encontraban sentido, dijeron. Quienes no sabían quiénes eran Libertad y Mafalda. A quienes la nieve les daba frío y los Palitos de la Selva, caries. Y así es que nos quedamos sinel pan y sin la torta. Y Turnes no fue, o fue, pero para algunos pocos (entre quienes me incluyo).

29/10/07

Es la historia de un amor...

La gente no lo entiende. Entiendo, y a la vez no, el porqué les sorprende que ame a un colectivo, a ese pedazo de metal con ruedas que me lleva a tantos lados. Obviamente no a todos los que quisiera porque ese es el chiste, que nuestra relación no es perfecta: ¿Sino cual sería la gracia? Yo le pago y él me deja lo mejor que puede (a veces lo mejor que quiere, por no decir “que se le canta” porque suena feo).

Ahora es el 168, pero obviamente como con cualquier amor antes hubo otro. Recuerdo mis dos años de romance, avivado día a día, con el 160 que me llevaba y me traía de Ciudad Universitaria, con sus embotellamientos y vueltas. No me molestaba saber que en auto estaría estudiando en solo quince minutos, con el tardaba 3 veces más… pero eso ya terminó y no quiero hablar al respecto.

También terminó el 26, luego de mucho tiempo se fue de mi vida, él que tanto cargo mi guitarra y soñó mi música, también quedó en el olvido, como un amigo más (no, no puedo decirle “conocido” y bien saben que aún no se la palabra para definir algo intermedio entre esos dos tópicos).

Todo eso ya es pasado y en cierta forma hablar del 168, con su ropa roja con líneas negras, también lo es. Hace mucho que no lo tomo, él que supo llenarme de Cievyc, de trabajos, de… Tablón. Él parecía resolverme todo, lugar al que quería ir, durante mucho tiempo, tenía el mismo número como respuesta. La gente no podía creerlo, no podía entenderlo. ¿Cómo tener tanto amor por esa cafetera abarrotada de hormigas? A lo que les respondería: ¿Y cómo no tenerlo? Me trataba como a uno más y eso lo hacía interesante, a veces me mataba de calor o de frío, a veces no decía nada y otras: (las mejores desde luego, pero gracias a que existían las otras) ¡Decía tanto! Por solo 80 centavos me hablaba, me dictaba palabras, me mostraba cosas, caras, cantos.

Seguramente esto no sea eterno, eso lo sé y tengo los antecedentes de los anteriores, que si bien también fueron bellos, ahora ya no son más que lindos recuerdos. Hoy es esto, esto que es tanto, esto que emociona: ¡ESTO ES LO QUE VIVO Y EXTRAÑO! Siempre que debo asistir a algún compromiso de índoles diversas no puedo evitar pensar: ojalá que él me lleve aquí, allá… a todos lados. No lo hace siempre, pero yo sueño que sí, y cuando lo traiciono para no caminar cincuenta cuadras le pido perdón y pienso que estoy en sus asientos, que siento su motor… que es él quien me traga las monedas.