29/10/07

Es la historia de un amor...

La gente no lo entiende. Entiendo, y a la vez no, el porqué les sorprende que ame a un colectivo, a ese pedazo de metal con ruedas que me lleva a tantos lados. Obviamente no a todos los que quisiera porque ese es el chiste, que nuestra relación no es perfecta: ¿Sino cual sería la gracia? Yo le pago y él me deja lo mejor que puede (a veces lo mejor que quiere, por no decir “que se le canta” porque suena feo).

Ahora es el 168, pero obviamente como con cualquier amor antes hubo otro. Recuerdo mis dos años de romance, avivado día a día, con el 160 que me llevaba y me traía de Ciudad Universitaria, con sus embotellamientos y vueltas. No me molestaba saber que en auto estaría estudiando en solo quince minutos, con el tardaba 3 veces más… pero eso ya terminó y no quiero hablar al respecto.

También terminó el 26, luego de mucho tiempo se fue de mi vida, él que tanto cargo mi guitarra y soñó mi música, también quedó en el olvido, como un amigo más (no, no puedo decirle “conocido” y bien saben que aún no se la palabra para definir algo intermedio entre esos dos tópicos).

Todo eso ya es pasado y en cierta forma hablar del 168, con su ropa roja con líneas negras, también lo es. Hace mucho que no lo tomo, él que supo llenarme de Cievyc, de trabajos, de… Tablón. Él parecía resolverme todo, lugar al que quería ir, durante mucho tiempo, tenía el mismo número como respuesta. La gente no podía creerlo, no podía entenderlo. ¿Cómo tener tanto amor por esa cafetera abarrotada de hormigas? A lo que les respondería: ¿Y cómo no tenerlo? Me trataba como a uno más y eso lo hacía interesante, a veces me mataba de calor o de frío, a veces no decía nada y otras: (las mejores desde luego, pero gracias a que existían las otras) ¡Decía tanto! Por solo 80 centavos me hablaba, me dictaba palabras, me mostraba cosas, caras, cantos.

Seguramente esto no sea eterno, eso lo sé y tengo los antecedentes de los anteriores, que si bien también fueron bellos, ahora ya no son más que lindos recuerdos. Hoy es esto, esto que es tanto, esto que emociona: ¡ESTO ES LO QUE VIVO Y EXTRAÑO! Siempre que debo asistir a algún compromiso de índoles diversas no puedo evitar pensar: ojalá que él me lleve aquí, allá… a todos lados. No lo hace siempre, pero yo sueño que sí, y cuando lo traiciono para no caminar cincuenta cuadras le pido perdón y pienso que estoy en sus asientos, que siento su motor… que es él quien me traga las monedas.